
Un trabajo publicado en Radiology miró por dentro el muslo de 615 personas. Cuantos más ultraprocesados comían, más grasa tenían infiltrada en el músculo, contaran las calorías que contaran.
Todos tenemos interiorizada la idea de que los ultraprocesados engordan. Lo que no solemos imaginar es lo que hacen dentro del músculo, ahí donde no llega la báscula ni el espejo. Un estudio publicado en abril de 2026 en la revista Radiology ha hecho justo eso: meter 615 muslos en una resonancia magnética y mirar qué había entre las fibras.
El equipo liderado por Zehra Akkaya trabajó con datos de la Osteoarthritis Initiative, un seguimiento estadounidense de personas con riesgo de artrosis de rodilla. La muestra fueron 615 participantes, 340 de ellas mujeres, con una edad media de 59,5 años. De su dieta, los ultraprocesados suponían de media un 41,4 % de todo lo que comían. Casi la mitad del plato, cada día, venía en paquete.
A cada persona le hicieron una resonancia del muslo y graduaron la grasa infiltrada dentro del músculo con la escala de Goutallier, que va de 0 a 4, en flexores, extensores y aductores de ambas piernas. No hablamos de la grasa de fuera, la que se pellizca. Hablamos de grasa dentro del propio músculo, entreverada, como el jamón. La comparación es fea pero se entiende a la primera.
Cuantos más ultraprocesados comía una persona, más grasa infiltrada aparecía en su musculatura del muslo. Hasta ahí, previsible. Lo llamativo es lo que hicieron después: ajustaron el análisis por calorías totales, índice de masa corporal, perímetro abdominal, actividad física, tabaquismo, depresión y variables sociodemográficas. Y la asociación seguía ahí, en flexores, extensores y aductores, tanto en hombres como en mujeres.
Traducido: no era simplemente que comieran más, ni que pesaran más, ni que se movieran menos. A igualdad de calorías, de peso y de ejercicio, la proporción de comida ultraprocesada seguía asociándose a un músculo con más grasa dentro. Es la primera vez que alguien mide ese efecto sobre la composición del músculo con imagen médica, y por eso el trabajo ha dado la vuelta al mundo.
Aquí toca frenar un poco, porque los titulares corren más que la ciencia. Este es un estudio observacional: encuentra una asociación, no demuestra que los ultraprocesados sean la causa de esa grasa intramuscular. Podría haber factores que no se midieron. Y la muestra son personas de unos 60 años con riesgo de artrosis de rodilla, no corredores de 30 años ni adolescentes; extrapolar alegremente a toda la población sería justo el tipo de salto que los autores no dan.
Dicho eso, encaja bien con lo que ya sabíamos: la grasa infiltrada en el músculo se asocia a menos fuerza y peor función, y va a más con la edad. Que la calidad de la comida aparezca ahí, y no solo la cantidad, es un dato que merece un rato de reflexión mientras miras el carro de la compra.
Nada de listas de alimentos prohibidos ni de tirar la despensa a la basura. La cifra que importa del estudio no es un producto concreto, es la proporción: el 41 % de la dieta. La pregunta útil no es «¿puedo comerme esto?», sino «¿qué porcentaje de lo que como esta semana viene ya montado en un paquete?».
Ese último punto tiene solución casera y rápida. Un batido con lo que tengas en la nevera cubre lo mismo que el brik del súper y sabe bastante mejor: aquí tienes tres recetas de batidos post-entreno con las cantidades puestas, para no tener que decidir nada cuando llegas reventado.
Llevamos años midiendo la comida en calorías porque es lo fácil de contar. Este estudio recuerda algo que la báscula no sabe: el cuerpo no solo pesa lo que come, también se construye con ello. Y el músculo que entrenas dos veces por semana con tanto esfuerzo se hace, literalmente, con lo que le pones delante el resto del tiempo.
No hace falta cambiarlo todo el lunes. Basta con que, dentro de un mes, ese porcentaje de tu dieta que viene en paquete sea un poco más bajo que hoy. El músculo tiene la paciencia que nosotros no solemos tener.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.