
El domingo 8 de noviembre se corre la 61ª Behobia-San Sebastián. Quedan catorce semanas, ni muchas ni pocas: justas. Aquí tienes el plan por bloques, con las cuestas, las bajadas y el afinamiento en su sitio.
El domingo 8 de noviembre, veinte kilómetros separarán Behobia del Boulevard donostiarra, y por el camino habrá miles de personas convencidas de que esta vez sí van a dosificar bien. Desde hoy quedan catorce semanas. Ni muchas ni pocas: justas.
La Behobia no es una carrera llana con vistas al Cantábrico, por mucho que las fotos digan otra cosa. En la primera mitad aparece el alto de Gaintxurizketa, la subida larga que decide cómo va a ser tu día, y ya con más de quince kilómetros en las piernas llegan Capuchinos y el temido Miracruz, que es donde la carrera se pone seria de verdad.
Y hay un detalle que casi nadie entrena: las bajadas. En la Behobia se baja mucho, y bajar rápido con el cuádriceps sin preparar es la forma más eficaz que existe de llegar a meta con las piernas de madera. Lo decimos por experiencia ajena, por supuesto.
Agosto en España tiene sus reglas: se sale temprano o no se sale. Tres o cuatro días de carrera suave a la semana, de esos en los que podrías ir contándole tu vida a alguien, y una tirada larga que crece poco a poco desde los 8 hasta los 12 kilómetros. Nada de ritmos, nada de series, nada de héroes. Este bloque solo busca que tu cuerpo tolere el volumen que viene después.
En septiembre entra un día específico de repechos: entre 6 y 8 subidas de 45 a 60 segundos a esfuerzo fuerte, bajando al trote muy suave para recuperar. Busca una cuesta que se parezca a Gaintxurizketa —larga y tendida— más que a un muro. La tirada larga sube hasta los 14 o 16 kilómetros y el resto de días siguen siendo suaves, por aburrido que suene.
Aquí es donde se gana Miracruz y donde se sobrevive a los descensos. Sentadillas, zancadas, peso muerto o subidas a un cajón, dos días por semana, con carga suficiente para que las últimas repeticiones cuesten. Ya te contamos que correr más no basta cuando lo que falta es fuerza: en una carrera con este perfil, esa diferencia se nota justo en los últimos tres kilómetros.
Octubre es el mes clave. La tirada larga llega a su techo, entre 16 y 18 kilómetros, y aparece un día de ritmo: dos bloques de 15 a 20 minutos al paso que crees que podrás sostener el 8 de noviembre, con cinco minutos de trote entre medias. Y al menos dos días incluye una bajada larga corrida a ritmo cómodo pero sin frenar: el cuádriceps necesita esos ensayos para no protestar el día de la carrera.
La última tirada larga de verdad se hace unos doce días antes. A partir de ahí el volumen baja entre un 30 y un 40 %, pero la intensidad no desaparece del todo: algún cambio de ritmo corto mantiene las piernas despiertas. La regla de oro de estas dos semanas es aburrida y funciona: nada nuevo. Ni zapatillas, ni geles, ni la camiseta técnica que te regalaron el jueves.
La inscripción general se cerró en primavera y ahora solo se mueve por lista de espera, así que este plan es sobre todo para quien ya tiene su sitio. Si te quedaste fuera, hay una versión igual de válida: haz el plan de todos modos, búscate unos veinte kilómetros por tu cuenta ese mismo domingo y apunta la fecha del año que viene. Nadie te va a pedir el dorsal para dejarte disfrutar del otoño corriendo.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.