
Coincidiendo con la Semana Europea de la Movilidad, repasamos qué dicen los estudios sobre pedalear hasta la oficina, qué ganas y cómo empezar con seguridad sin llegar empapado a la primera reunión.
«No tengo tiempo para entrenar» es probablemente la excusa más repetida del mundo, justo por delante de «empiezo el lunes». Pero hay un entrenamiento que no necesita hueco en la agenda porque ya lo tienes metido: el trayecto al trabajo. Del 16 al 22 de septiembre se celebra la Semana Europea de la Movilidad, y es una excusa estupenda para plantearte cambiar el coche o el metro por la bici.
Un estudio publicado en Annals of Agricultural and Environmental Medicine encuestó a 285 adultos de Lublin, en Polonia, que van a trabajar en bicicleta. Los que pedalean todo el año, llueva o nieve, valoraban mejor su salud, su forma física y sus defensas, decían resfriarse menos y mostraban una satisfacción con la vida por encima de la media.
Ahora, un matiz importante: son datos autoinformados, es decir, lo que cada persona opina de sí misma. Y es posible que quien ya se encuentra bien sea precisamente quien se anima a pedalear en pleno invierno. Así que conviene mirar también estudios más sólidos.
Aquí entra el Scottish Longitudinal Study, publicado en BMJ Public Health en 2024. Siguió a 82.297 personas en Escocia entre 2001 y 2018, cruzando su forma de ir al trabajo con registros de hospitales, recetas y defunciones. Comparados con quienes iban en coche o transporte público, quienes iban en bici tenían un 47 % menos de riesgo de morir por cualquier causa, un 24 % menos de ingresos por problemas cardiovasculares y un 20 % menos de recetas relacionadas con la salud mental.
El mismo estudio trae la otra cara de la moneda, y es justo contarla: los ciclistas tenían el doble de riesgo de ingresar en el hospital por un accidente de tráfico. Coincide con lo que señalaban los encuestados polacos, que citaban los coches (60 %) y la falta de infraestructura (41,8 %) como sus principales frenos. La conclusión no es «no vayas en bici», sino «ve en bici con cabeza».
Haz la cuenta: si vives a 5 km del trabajo, son 10 km al día y unos 50 a la semana. A ritmo tranquilo, alrededor de 40 minutos diarios de actividad sin quitarle un minuto a nada más. Y además al aire libre, que suma: ya vimos que pedalear fuera le gana al rodillo en unas cuantas cosas.
Esos kilómetros, además, cuentan. Con ese ritmo, el Reto de Zeus y sus 150 km se completan en unas tres semanas de ir y volver de la oficina, que es una forma bastante satisfactoria de convertir un trayecto aburrido en una medalla.
Es la duda número uno y tiene solución. Ve más despacio de lo que te pide el cuerpo: no es una contrarreloj. Lleva la mochila en un portabultos o una alforja para no sudar la espalda, deja una muda en la oficina y, si tu trayecto tiene cuestas serias o es largo, una bici eléctrica te permite llegar fresco sin dejar de moverte. Si tu empresa tiene ducha, enhorabuena: te ha tocado la lotería de la movilidad.
Y si vives demasiado lejos, combina: bici hasta la estación de tren y el resto en transporte público. No hace falta que sea todo o nada; cada tramo pedaleado cuenta.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.