
Un estudio con deportistas británicos relaciona la autocompasión con más fortaleza mental, incluso a ojos del entrenador. Por qué hablarte bien tras un mal entreno te mantiene en pie, y cómo hacerlo sin caer en el «ya si eso mañana».
Terminas un entreno horrible, o una carrera en la que todo salió al revés, y tu voz interior se pone en modo sargento: «eres un paquete», «para esto no sirves», «así no vas a ninguna parte». Mucha gente cree que esa dureza es lo que forja el carácter. Pues una investigación reciente apunta justo a lo contrario: tratarte con amabilidad podría ser lo que te hace mentalmente más fuerte.
Publicado en Psychology of Sport and Exercise, el trabajo combinó dos enfoques: una foto fija de deportistas universitarios británicos de disciplinas variadas y un seguimiento en tres oleadas a jugadores de fútbol semiprofesionales. En ambos casos, quienes eran más autocompasivos mostraban más fortaleza mental. Y no solo según su propia opinión, que siempre tiene algo de trampa, sino también según la valoración de sus entrenadores.
El giro interesante llega con el miedo: los deportistas que veían la autocompasión como una señal de debilidad, esos que temen «ablandarse» si se tratan bien, perdían ese beneficio. Es decir, no basta con tener la capacidad de tratarte bien; también hay que darte permiso para hacerlo.
Autocompasión no es darte pena, ni quedarte en el sofá porque «hoy no me apetece», ni decirte que todo estuvo genial cuando no lo estuvo. Es tratarte como tratarías a un buen amigo que acaba de tener un mal día: reconocer que ha dolido, recordar que a todo el mundo le pasa y ayudarle a pensar qué hacer después.
Si lo piensas, a un compañero de grupo que se ha retirado en el kilómetro 15 nunca le dirías «eres un fracaso». Le dirías «vaya día, ¿qué ha pasado?, ¿qué necesitas?». La propuesta es tan sencilla, y a la vez tan difícil, como aplicarte ese mismo trato.
No hace falta hablarte a gritos para exigirte. Se puede ser ambicioso y amable a la vez.
Equipo de Victoris
La crítica feroz tiene un efecto secundario muy poco motivador: convierte cada error en una amenaza. Y cuando algo amenaza, lo más fácil es evitarlo. Así es como un mal entreno se convierte en tres semanas sin calzarte las zapatillas. En cambio, si puedes mirar el error sin sentirte atacado, puedes aprender de él y volver a intentarlo. Eso, en esencia, es la fortaleza mental: seguir en pie después del golpe.
Tiene mucho que ver con algo que ya comentamos: saber que el deporte te conviene no te hace constante. Lo que te hace constante es poder volver después de los días malos, y para volver hace falta no haberte machacado demasiado por el camino.
La línea entre tratarte bien y buscarte excusas existe, y conviene tenerla clara. La autocompasión mira hacia delante: te pregunta qué necesitas para seguir. La autoindulgencia mira hacia el sofá: te pregunta cómo evitar la incomodidad. Una pista sencilla: si tu diálogo interior termina en un plan, vas bien; si termina en «ya si eso», toca revisar.
Si te cuesta sostener objetivos con fecha porque te castigas cada vez que no llegas, prueba con el Reto Infinito Victoris: no tiene fecha límite y suma cada kilómetro que te muevas, sea el día bueno o el día regulero. Justo el tipo de meta que se lleva bien con tratarte con cariño.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.