
Un estudio español con 1.080 peregrinos apunta a que el efecto reparador del Camino depende sobre todo de la actitud con la que sales, de los valores que le asocias y de lo seguro que te sientes.
Quien ha hecho el Camino de Santiago suele volver diciendo lo mismo: que le ha despejado la cabeza. Lo curioso es que no todo el mundo vuelve igual de despejado, y un estudio español con más de mil peregrinos apunta a una razón que tiene poco que ver con los kilómetros: la actitud con la que te echas la mochila a la espalda.
El trabajo lo firman Mar Durán y Eulogio Real, de la Universidad de Santiago de Compostela, y César San Juan, de la Universidad del País Vasco, y se ha publicado en la Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, que edita el Consejo General de la Psicología de España. Participaron 1.080 peregrinos de entre 18 y 75 años (algo más de la mitad, mujeres), que respondieron a un cuestionario en línea sobre su actitud hacia el Camino, el potencial «restaurador» que le atribuyen, sus normas morales y su miedo a sufrir algún delito por el camino.
Lo de «restaurador» viene de la psicología ambiental, que llama así a los lugares capaces de devolvernos la energía mental que nos roba el día a día: un bosque, la costa, un sendero entre aldeas. Y el Camino sale muy bien parado: de media, los peregrinos le pusieron un 4,31 sobre 5.
El hallazgo principal es que las actitudes positivas hacia el Camino son las que mejor predicen cuánto efecto reparador le atribuyes. Y esa relación pasa por dos vías que se complementan y funcionan de forma independiente: los valores que asocias a la ruta, lo que los autores llaman norma moral, y la sensación de que es un camino seguro.
Dicho en cristiano: el Camino te recarga más si vas con ganas, si conectas con lo que representa para ti (la ayuda entre desconocidos, el «buen camino» de cada mañana, compartir mesa con gente a la que conociste hace dos horas) y si caminas tranquilo. Tiene lógica: cuesta desconectar si lo vives como un trámite o si vas todo el día pendiente de dónde vas a dormir.
Dos matices del estudio merecen pararse un momento. Las mujeres percibieron más beneficio restaurador que los hombres, pero también más miedo a la inseguridad. Y los peregrinos de más edad mostraron más peso de los valores y menos preocupación por la seguridad.
Lo primero no es un detalle menor: si la seguridad es una de las dos vías por las que el Camino hace su efecto, que buena parte de los peregrinos se sienta menos segura es un freno real a ese beneficio. Es un recordatorio útil para albergues, organizadores y administraciones, y también para ti si vas a hacerlo sola o solo: planificar bien también es parte del descanso mental, no solo de la logística.
Antes de vender la mochila como si fuera un medicamento, tres precauciones. Los datos salen de un cuestionario en línea, así que miden lo que los peregrinos perciben, no un efecto medido en su salud. Es una foto de un momento, de modo que muestra relaciones, no causas: puede que quien más disfruta el Camino sea quien ya salía con mejor actitud. Y la muestra es mayoritariamente española. Nada de eso le quita interés; simplemente lo pone en su sitio.
La buena noticia es que la actitud no viene de serie: se construye antes de salir. Y si lo que te frena es arrancar, no te culpes, que tu cerebro prefiere el sofá y hay que ponérselo fácil. Estas son algunas formas de llegar al primer día con la cabeza en el sitio:
No hace falta pedir dos semanas de vacaciones para empezar a vivir algo de eso. El reto Camino de Santiago de Victoris te propone sumar 122 km caminando, corriendo, pedaleando o nadando desde donde vivas, a tu ritmo, con una medalla con la concha del peregrino esperando al final. Puede ser tu entrenamiento para el de verdad o tu forma de vivirlo este año. Con buena actitud, claro: ya has visto que es lo que más cuenta.
Súmate a este reto y cada entreno te acerca a tu medalla.