
Un estudio con 20 ciclistas británicas encontró que las 20 habían tenido rozaduras de sillín, y que lo primero que pierden no son entrenos: es el disfrute. Qué las provoca, cuándo dejan de ser una molestia y qué medidas tienen respaldo de verdad.
Hay una conversación que en el ciclismo se tiene en voz baja, entre dos, y casi siempre cuando ya duele bastante. Un estudio cualitativo publicado el 3 de febrero de 2026 en Frontiers in Sports and Active Living entrevistó a 20 ciclistas británicas y encontró algo que no debería sorprender a nadie y sorprende a casi todos: las 20 habían sufrido rozaduras de sillín. Todas. Sin excepción.
Las participantes eran ciclistas de competición con 35 años de media y casi 12 años de experiencia sobre la bici: tres de nivel élite, siete subélite y diez de club. Nada de aficionadas ocasionales. Las entrevistas duraron unos 26 minutos de media y las hizo una investigadora que además es ciclista, lo cual, viendo lo que se cuenta más abajo, no es un detalle menor.
La prevalencia del 100 % está por encima de lo que decía la literatura previa, que se movía entre el 39 y el 89 %. La zona más afectada fue la vulvar, sobre todo los labios externos, en el 65 % de los casos; después los muslos (40 %) y los glúteos (34 %). Un 60 % había tenido granos, forúnculos o quistes que llegaron a infectarse.
Este es el hallazgo que más nos ha llamado la atención. El impacto más repetido no fue dejar de montar ni perder forma: fue dejar de disfrutar. Tres de cada cuatro convivían con la molestia sin hacer nada al respecto, aguantando la hinchazón y el escozor como parte del paquete. Seguían entrenando igual, sí, pero con la cabeza puesta en otra cosa.
Y cuando la cosa iba en serio, iba muy en serio: hubo participantes que tuvieron que interrumpir entrenamientos y competiciones, una necesitó antibióticos durante un periodo largo, hubo casos de drenaje quirúrgico y tres desarrollaron una hipertrofia vulvar unilateral permanente. No es una rozadura tonta.
Las ciclistas señalaron una mezcla bastante reconocible: presión, fricción y sudor, casi siempre combinados. Y una lista de agravantes que suena a temporada real: volúmenes altos de entrenamiento, culotte o sillín mal ajustados, la posición aerodinámica de contrarreloj, el rodillo en casa (donde no cambias de postura ni te levantas nunca), firmes ásperos, lluvia y asimetrías biomecánicas propias.
Fíjate en que la mitad de esa lista no es un problema de tu cuerpo: es un problema de material y de planificación. Si estás en pleno bloque de acumulación —y un reto largo como los 300 kilómetros del Reto de Hermes da para muchas horas de sillín—, el riesgo sube por pura exposición, no porque estés haciendo nada mal. Ahí es donde planificar la temporada con cabeza deja de ser un consejo abstracto y se convierte en prevención.
La parte más incómoda del estudio no está en la piel, está en las conversaciones. Solo 6 de las 20 lo habían hablado con su entrenador, y algunas lo evitaban a propósito por miedo a que les recortaran los entrenos. Varias contaron que recibieron consejos pobres o directamente contradictorios de médicos de familia, ginecólogos, mecánicos y bike fitters. Una de ellas se topó con esta joya:
Las mujeres no tienen problemas de sillín; los hombres sí.
Respuesta médica recogida en el estudio
Las autoras apuntan también a un detalle práctico: la mayoría de los bike fitters son hombres y muchos no tienen formación específica en anatomía femenina, así que la búsqueda del sillín adecuado acaba siendo un proceso de prueba y error largo y caro. El 65 % lo hizo así, 14 de las 20 pasaron por un bike fit profesional y el 95 % acabó montando un sillín con canal o recorte central. Nada de eso es barato, y ahí queda la barrera para quien va en bici por afición y no por contrato.
La línea que dibuja el estudio es bastante clara. Rozadura leve, hinchazón que baja en un par de días y escuece un rato: molestia, gestionable. Bulto que crece, calor, pus, fiebre o dolor que te impide sentarte fuera de la bici: eso ya es una infección y no se arregla con más crema ni descansando dos días. Nueve de las participantes toleraban lo primero sin intervenir; las que llegaron a lo segundo necesitaron antibióticos o cirugía.
Y una petición doméstica: si tu médico te despacha con que las ciclistas no tienen estos problemas, busca otra opinión. El estudio documenta exactamente esa respuesta y exactamente lo mal que envejece.
Tres cosas, y ninguna es un producto: mejor formación para entrenadores, personal sanitario y bike fitters en salud específica femenina; conversaciones abiertas y con terminología anatómica correcta, que llamar a las cosas por su nombre ya quita la mitad del tabú; e investigación urgente sobre geometría de bicicletas, diseño de sillines y culottes pensados de verdad para mujeres. Mientras eso llega, hablar de ello en el grupo del club antes de que alguien tenga que parar la temporada es gratis y funciona sorprendentemente bien.
Si estás preparando una salida larga de las de todo el día, esa conversación entra perfectamente en la lista de cosas que revisas al elegir tu marcha de otoño, justo al lado del desnivel y del avituallamiento.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.