
Cantidades reales, nada de ojímetro, y una fórmula para montar tu propio plato con lo que tengas en la nevera. Porque en agosto cocinar caliente da una pereza infinita.
Llegas de entrenar, hace calor, tienes hambre y abres la nevera con la esperanza de que se haya cocinado algo solo. No ha pasado. En ese momento suele decidirse la diferencia entre recuperar bien y cenar lo primero que pilles de pie en la cocina. Así que aquí tienes cinco comidas frescas con cantidades de verdad y, mejor aún, la fórmula para inventarte las tuyas.
Si te quedas con una sola cosa de todo el artículo, que sea esta. Una comida de recuperación decente casi siempre tiene las mismas cuatro piezas, y a partir de ahí puedes improvisar con lo que haya.
Con esas cuatro casillas cubiertas, el plato funciona. Lo demás es cuestión de gusto, de lo que tengas y de las ganas que te queden de fregar.
Bol de quinoa, salmón y pepino. 100 g de quinoa ya cocida, 120 g de salmón (vale ahumado o cocinado el día anterior), 150 g de pepino en dados, medio aguacate y un chorro de limón. Cinco minutos si la quinoa la dejaste hecha, que es la clave de todo esto.
Ensalada de garbanzos y atún. 150 g de garbanzos cocidos y escurridos, una lata de atún al natural, 150 g de tomate, 30 g de cebolla morada muy fina, 10 ml de aceite de oliva y orégano. Mejora si la dejas reposar veinte minutos en la nevera.
Gazpacho con tortilla francesa. 350 ml de gazpacho casero y una tortilla de 3 huevos con un puñado de espinacas dentro. Suena a cena de domingo de tu abuela y es, sin exagerar, una recuperación estupenda: líquido, sales, proteína y verdura de una tacada.
Wrap frío de pollo. Una tortilla integral de unos 60 g, 120 g de pollo asado del día anterior, lechuga, 100 g de tomate y un poco de yogur natural con mostaza a modo de salsa. Se come con una mano y no ensucia casi nada.
Yogur griego con avena y fruta. 250 g de yogur griego, 40 g de copos de avena, 100 g de arándanos o melocotón troceado y 20 g de nueces. Este es el comodín para cuando llegas tardísimo o entrenas de noche y no te apetece una cena de verdad.
La comida que mejor recupera no es la más completa sobre el papel. Es la que de verdad te preparas cuando llegas reventado y con calor.
Filosofía Victoris
Habrás notado que casi todas las propuestas dan por hecho que algo ya está cocinado. Ese es el truco entero: un domingo por la tarde, veinte minutos, y dejas hechos un bote de quinoa, una bandeja de pollo y unos huevos cocidos. El resto de la semana, montar la cena es ensamblar, no cocinar.
Los números de arriba son un punto de partida razonable para una persona adulta que entrena varias veces por semana, no una prescripción. Si eres muy grande, muy pequeño, estás en un bloque de mucho volumen o tienes cualquier condición que afecte a tu alimentación, ajusta o pregunta a un profesional. Aquí venimos a quitarte trabajo mental, no a echarte más.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.