
Quince minutos diarios a paso vivo se asocian a un 20 % menos de mortalidad y a tres o cuatro años más de esperanza de vida. Te contamos qué es «paso rápido» y dónde meterlo.
Buenas noticias para quien lleva media vida repitiendo aquello de «es que a mí correr no me gusta»: no hace falta. Andar, pero andar de verdad, con un poco de prisa y sin ir mirando escaparates, ya mueve la aguja de una forma que sorprende. Y lo mejor es que el listón está mucho más bajo de lo que imaginas.
Un estudio publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine siguió a cerca de 80.000 adultos y encontró que caminar a paso rápido al menos quince minutos al día se asociaba con una reducción de en torno al 20 % de la mortalidad total, con un beneficio especialmente claro en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Quince minutos. Menos de lo que tardas en decidir qué ver esta noche.
Puesto en cifras semanales son unos 75 minutos: hora y cuarto repartida en siete días. No es un plan de entrenamiento, es una costumbre.
La otra cifra que llama la atención es la de la esperanza de vida: adoptar el hábito de la caminata rápida a partir de los 40 se ha asociado con sumar entre tres y cuatro años. Conviene leerlo con la cabeza fría, porque hablamos de estudios de asociación en poblaciones grandes y no de una garantía personal. Pero la dirección del hallazgo es difícil de discutir, y el precio de intentarlo es cero euros.
Aquí es donde mucha gente se autoengaña con la mejor de las intenciones. Paso rápido no es el paseo de después de comer charlando de la vida. Es ese ritmo en el que respiras algo más fuerte, notas el cuerpo caliente a los cinco minutos y podrías mantener una conversación, sí, pero no ponerte a cantar. Si al terminar no has notado nada, probablemente ibas de paseo. Que también está muy bien, pero no es esto.
El ejercicio que más te va a cambiar la vida no es el más duro, es el que vas a hacer mañana también.
El equipo de Victoris
Este es el matiz que más nos gusta del asunto: el salto grande no está entre entrenar mucho y entrenar muchísimo, sino entre no moverse y moverse un poco. Quien pasa del sedentarismo a una actividad moderada se lleva la mayor parte del beneficio. Lo que viene después sigue sumando, claro, pero con rendimientos decrecientes. Traducido: la persona que hoy no hace nada tiene, paradójicamente, la mejor inversión disponible.
Es lo que suele pasar. Empiezas con quince minutos porque lo has leído en algún sitio, a las tres semanas son veinticinco porque te apetece, y un día te descubres calculando si te dará tiempo a llegar al parque grande. Ahí es cuando la caminata deja de ser una receta médica y se convierte en un rato tuyo. Y si además esos minutos empiezan a sumar en tu reto Victoris, mejor todavía.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.