
Un estudio monitorizó el corazón de 34 ciclistas aficionados antes, durante y después de una salida de hasta seis horas. Qué encontraron, por qué no hay que alarmarse y qué señales sí merecen una visita al médico.
Las salidas largas de fin de semana tienen algo mágico: el café a mitad de ruta, la conversación en grupo, esa cuesta que te ha quitado hasta las ganas de hablar. Pero ¿qué hace tu corazón mientras tanto? Un grupo de investigadores decidió averiguarlo poniéndole un Holter a ciclistas aficionados durante nueve días. Spoiler: hay cosas que conviene saber, y ninguna es motivo para colgar la bici.
El trabajo, publicado en el Journal of the American Heart Association, siguió a 34 ciclistas aficionados con muchos años de pedales a sus espaldas: una media de 52 años, siete de cada diez hombres y unos 200 km semanales de entrenamiento. Llevaron un electrocardiograma continuo (Holter) durante cuatro días normales, el día de una salida de hasta seis horas a intensidad exigente y los cuatro días siguientes.
El 68 % de los participantes mostró en algún momento de esos nueve días alguna arritmia que los investigadores clasificaron como anormal, y la mitad tuvo parejas de latidos ventriculares prematuros. Lo interesante es el calendario: las arritmias ventriculares se dispararon el día del esfuerzo largo y volvieron a su nivel habitual al día siguiente. Las auriculares, en cambio, se mantuvieron estables todos los días.
¿Quién tenía más papeletas de sufrirlas ese día? Los participantes de más edad y, sobre todo, quienes ya presentaban arritmias en los días previos. El riesgo relativo pasaba de 2,2 veces en quienes habían tenido arritmias al menos un día antes de la salida a 5 veces en quienes las habían tenido tres días o más.
Un latido prematuro de vez en cuando es muy frecuente, también en gente sedentaria, y la inmensa mayoría de las veces no tiene ninguna consecuencia. Este estudio no dice que la bici sea peligrosa ni que los participantes tuvieran ningún evento grave: dice que un esfuerzo muy largo e intenso altera temporalmente el ritmo del corazón en muchos aficionados, y que eso se nota más en quien ya tenía cierta tendencia.
Además, tiene sus limitaciones, que los propios autores reconocen: la muestra es pequeña, mayoritariamente masculina y de más de 35 años, y no todos completaron las pruebas cardiológicas. Es una pista valiosa, no una sentencia.
Lo que sí señalan es un hueco: en muchos países los chequeos cardiológicos se centran en deportistas de élite, mientras que el aficionado de fondo, que a veces entrena casi lo mismo, queda fuera del radar.
Si tienes más de 35 años, entrenas mucho volumen o te han dicho alguna vez que tienes extrasístoles, un reconocimiento médico-deportivo con electrocardiograma y, si el médico lo ve oportuno, prueba de esfuerzo, es una inversión que vale más que cualquier rueda de carbono. Cuéntale cuántas horas pedaleas: no es lo mismo una vuelta de una hora que una marcha de 200 km.
Y una idea para llevar a casa: los kilómetros no tienen que caer todos en la misma salida. Si te motivan los objetivos grandes, el Reto de Hermes propone 300 km que puedes ir acumulando a tu ritmo, repartidos en salidas razonables, sin necesidad de convertir cada domingo en una epopeya de seis horas.
Apúntate a un reto Victoris y cada entreno te acerca a la medalla que llega a tu casa.