
Un análisis de más de 2,7 millones de marcas en seis grandes maratones asocia el dióxido de nitrógeno con tiempos más lentos, sobre todo entre populares. Qué mide, qué no demuestra y qué puedes decidir tú, sin convertirlo en excusa para quedarte en casa.
Has hecho las tiradas, has elegido las zapatillas y has dormido como un bendito. Pero en la salida hay un rival que no aparece en la lista de inscritos: el aire. Un análisis de más de 2,7 millones de marcas en seis grandes maratones asocia más dióxido de nitrógeno con tiempos más lentos, y a quien más parece pesarle no es a la élite. Eres tú.
Un equipo de la Universidad de Leicester reunió 2.756.553 tiempos de Berlín, Boston, Chicago, Londres, Nueva York y Tokio, en ediciones de 2010 a 2024, y los cruzó con la contaminación estimada para cada día de carrera, teniendo en cuenta el calor, el viento y la tendencia de los años. El trabajo se publicó en agosto de 2026 en la revista Sports Medicine – Open.
El protagonista es el dióxido de nitrógeno (NO₂), que en estas carreras procede sobre todo del tráfico. Cada microgramo más por metro cúbico se asoció con 1,43 minutos más en hombres y 1,56 en mujeres. Pasar de un día con poco NO₂ a otro con bastante más (de 5,2 a 10,3 µg/m³) equivalía a unos siete u ocho minutos. Las partículas finas PM2.5, en cambio, no mostraron una asociación significativa.
Lo llamativo es que hablamos de niveles modestos. La mayoría de las carreras rondaba o no alcanzaba la guía diaria de la OMS, que para el NO₂ es de 25 µg/m³, probablemente porque se corren en fin de semana, por la mañana y con calles cortadas al tráfico.
En la élite, cada microgramo se asoció con 0,34 minutos. En los populares, con 2,12: unas seis veces más. Parte de la explicación es aritmética, porque estás más rato en carrera. Aun así, expresado como porcentaje del tiempo final, la diferencia sigue siendo de casi cuatro veces (0,18 % frente a 0,67 %).
Los autores barajan varios motivos, todos por confirmar: más tiempo respirando ese aire, menos reserva física, adaptaciones del entrenamiento intenso que protegerían a la élite y el hecho de que el popular suele prepararse en la misma ciudad en la que compite. Y un detalle curioso: en hombres, el efecto fue mayor entre los 18 y los 29 años (2,17 minutos) que a partir de los 60 (1,32). Los autores lo atribuyen en parte a que quien sigue corriendo maratones a esa edad suele estar en una forma poco común.
El estudio es observacional. Los autores creen que la relación es probablemente causal, pero este diseño no lo demuestra. Nadie midió lo que respiró cada persona: todos los corredores de una misma edición recibieron el mismo valor, estimado por un modelo atmosférico con una cuadrícula poco fina para el punto de salida. El ozono se quedó fuera, y otro gran análisis de maratones de Estados Unidos sí encontró efecto de las PM2.5, así que esa parte sigue en discusión. Además, los propios autores piden prudencia al extrapolar a otras ciudades y niveles.
Sobre todo, aquí se miden minutos en meta, no salud. Unos minutos en el crono no son motivo para dejar de salir, y correr incluso poco ya se ha relacionado con vivir más años.
El estudio apunta a ajustar el ritmo o el lugar de entrenamiento los días de aire peor. A partir de ahí, estas son nuestras sugerencias, pensadas para tus rodajes y no para resolver el problema de tu ciudad, que bastante tienes con madrugar.
Para lo primero tienes el Índice Nacional de Calidad del Aire. Y si el día sale malo, puedes dejar las series para otro momento y hacer un rodaje suave en zona 2 por una ruta tranquila. Si tienes asma u otro problema respiratorio o cardiaco, pregunta a tu médico cómo actuar en esos episodios.
Elegir por dónde corres también es una de las ventajas de no depender de un recorrido marcado. Los 21 km del Reto de Artemisa se suman a tu ritmo y desde donde vivas, así que puedes hacerlos por el parque en vez de por la avenida. Tus pulmones no te lo van a agradecer por escrito, pero el paisaje también gana.
Súmate a este reto y cada entreno te acerca a tu medalla.